Cuando arrancamos el coche, el camión, cuando quemamos gasóleo o gas natural para calentar unos edificios mal diseñados y construidos y para producir electricidad, estamos quemando irreversiblemente los billetes de la caja fuerte del abuelo. Ni carbón, ni petróleo, ni gas natural pueden durar millones de años. De hecho, la producción de petróleo alcanzó un pico en 2007 y está disminuyendo desde entonces.

Es una “riqueza” espúrea, un regalo con fecha de caducidad. Es una riqueza que quemamos sin reposición.

De hecho, esta riqueza está ya disminuyendo desde el año 2007. La cantidad de petróleo de que disponemos es la misma o cada año un poco menor, incluido el ‘fracking’, para una población cada vez mayor, sobre todo, la clase media, que crece y demanda cada vez más riqueza, es decir, más energía. Las políticas del Estado del Bienestar, diseñadas para una riqueza, es decir, energía, creciente se están quedando obsoletas y todos los países “ricos” tienen el mismo problema: no hay suficiente riqueza para mantener las pensiones ni para generar empleo.

Si sólo se reparte lo que hay, no se puede crecer.

Es imperativo aumentar la riqueza del mundo. Y ésto sólo se puede conseguir aumentando drásticamente la energía disponible y ésta es la del sol.

La riqueza de los combustibles fósiles, la inmensa cantidad de energía que han suministrado, no es más que la energía solar que se almacenó en el subsuelo hace unos 300 millones de años. Hoy tenemos esa energía solar cada día en la superficie de la Tierra. En un año, esta superficie recibe la misma energía que podrían gastar 160.000 millones de personas al ritmo que la gastan los EEUU. Y ésto durante miles de millones de años. Una energía que no produce cambio climático, y que puede recoger cada ciudadano de la Tierra sin intermediarios.

Cambiar de las energías fósiles, que desaparecen, a la energía solar directa, que se mantiene millones de años, no es difícil. Basta con montar paneles fotovoltaicos (hechos de arena) o centrales solares térmicas que sólo necesitan vidrio (arena) y nitratos (nitrógeno, oxígeno y sodio, por ejemplo), o molinos de viento (el viento lo genera el calentamiento de los mares por el sol).

Substituir todo el sistema energético actual por energía solar directa implica generar millones, realmente millones de puestos de trabajo. Sólo en instaladores de paneles fotovoltaicos, si se instalasen en 3 millones de edificios precisarían medio millón de instaladores, más los que los fabricasen y mantuviesen a lo largo del tiempo. Lo mismo con el resto de las energías solares, más los coches eléctricos que funcionarían sin polución y como almacenes de las energías intermitentes solares; además otros muchísimos negocios, pues las revoluciones tecnológicas son las que realmente generan trabajo.

España, que tiene sol más que sobra, dispondría de toda la energía que utiliza con sólo 10.000 kilómetros cuadrados. Teniendo en cuenta que la superficie de España es de 500.000 km2, sólo necesitaríamos un 2% del área de nuestro país para generar una energía que no tendríamos que pagar fuera. Una energía creciente implica una riqueza creciente, pues como he dicho más arriba, la única riqueza real es la energía. Lo que se mueve en el PIB no es mas que el surplus de la energía capturada y no destruida.

Si algún lector duda de esta afirmación, piense cuando empezó a crecer la riqueza, primero en Inglaterra, luego por difusión, en el resto del mundo.  A partir de 1775, la riqueza se expandió desde pocas personas hasta la clase media actual de unos dos mil millones. La única diferencia con la etapa anterior de la humanidad ha sido la disponibilidad inmensa de energía, que ha permitido el desarrollo de la industria y la tecnología. Hoy ésto está invirtiéndose y necesitamos urgentemente mucha más energía y ésta sólo puede ser la solar.

En la jornada referida más arriba, sorprendentemente, el Sr. Rajoy aceptó, en contra de sus ideas anteriores, la realidad del cambio climático y la necesidad de tomar medidas contra el mismo. Al menos lo aceptó de palabra. Los hechos son algo muy distinto, como sabemos.

Aunque en otra ocasión había dicho que esta ley se aprobaría en la primera mitad de la legislatura, dijo en esa jornada también que la dejaba para más tarde, como siempre, y al mismo tiempo, uno de sus ministros, el Sr. Nadal, apostaba un par de día antes por las centrales de carbón de Compostilla y Andorra. La primera quema riqueza (carbón) de fuera de España, y la segunda los lignitos de Teruel, altamente contaminantes. Mantenemos en España una tecnolgía del siglo XIX.

¿En qué quedamos?¿por que quemamos nuestra riqueza?

Podemos incrementarla en vez de destruirla. Es cosa nuestra.

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